La ciudad norteña de Múzquiz, Coahuila, desde su fundación como Presidio español en 1737, fue reconocida por su bendecida geografía para el crecimiento de la ganadería y con ello el desarrollo de habilidades y destrezas de sus pobladores para este fin. Las grandes extensiones de terreno y las escarpadas serranías que rodean a Múzquiz, en algunos casos dificultaban el manejo del ganado y esto fue el principal ingrediente para que a principios de los años 1900's, los reconocidos "Vaqueros de Santa Rosa" (como se les conocía a los vaqueros muzquenses), tomaran elementos de las sillas de la época para diseñar la propia, como el estilo de las llamadas “bear trap” o “widow maker” (trampa para osos o productora de viudas), que les permitía un mejor manejo de sus cabalgaduras para lazar el ganado a campo abierto y la doma de los mismos. La montura muzqueña se hizo famosa, no sólo localmente, sino en todo el norte de México y sur de Texas en Estados Unidos, caracterizándola su cabeza de madera.
Cientos de ellas, han sido elaboradas por familias de talentos talabarteros, algunas de sus familias las han confeccionado hasta tres generaciones o más, que con su gran dedicación y esmero, han continuado con esta gran tradición muzquense.
En 1840, existió un taller que era de Don Francisco Vidaurri, en el cual también trabajaron talabarteros muy destacados.
Hace más de 100 años, por la calle Morelos, entre 5 de mayo y calle Socorro, existió un gran taller de talabartería de Don Maximiano Ruiz, donde se hacían monturas, guarniciones, collares, chaparreras, cabezadas, riendas, polainas, látigos, fundas, botines, zapatos y otros artículos que se enviaban a Estados Unidos.
Para el año 1920 ya existía otro taller de talabartería de Pineda y Linaje.
Hace muchísimos años, por la calle Cruz Maltos, entre Hidalgo y Presidente Juárez, existió una curtiduría, donde las pieles de animales de ganado vacuno, eran depositadas en grandes pilas con agua, donde se les agregaba sal y cáscara molida de encino, para que no se echara a perder las pieles ahí depositadas, y luego procedían, pasado un tiempo, a toda una técnica para curtirlas, y ya terminado el proceso, se procedía a su venta a los diferentes talleres de la ciudad y de la región. Trabajaban en dicho taller Santo López, Augusto García, Abigail Molina, Salvador Jiménez, sobresaliendo Adán Valdés, que llegó a confeccionar monturas muzqueñas a propietarios de ranchos como El Mezquite, Compañía Ganadera, El Tule, Hacienda la Babia, San Gerónimo, Santo Domingo, Sierra Hermosa, Hacienda Guadalupe y pasaba temporadas en dichos ranchos, acompañado de su hijo Luis Valdés, que junto con sus hermanos, continúa con la tradición de su padre.
A lo largo de muchos años, la familia de Don Jesús Cerna, sus hijos Juventino, Manuel y Emilio Cerna, y sus nietos, continúan con la tradición; Don José Ruíz, así como también la familia de Trinidad Flores y sus hijos, Arturo Olivares, y otros distinguidos muzquenses que laboran arduamente en la elaboración de esta hermosa montura.
En la elaboración de nuestra famosa montura muzqueña, sobresale una familia: la de Don Jesús de León, fustero de gran tradición familiar, que cuenta con más de 90 años, su padre, fue el primer artesano formal de fustes que tuvo Múzquiz, su hijo José Ángel y sus nietos José Ángel y Javier de León, continúan realizando los famosos fustes de la forma más tradicional y única, llegando a tener cientos de clientes a través de varias generaciones.
Las sillas muzqueñas son elaboradas con fustes de madera de pino con incrustaciones de nogal o sabino y son recubiertos de cuero crudo de res para darles resistencia. Una vez seca la cubierta del fuste se viste de cuero curtido y los bastos se forran de salea de borrega o fieltro sintético para que sean más cómodas para el lomo del caballo. Los estribos llevan una cubierta a la que se les llama tapaderas, las cuales pueden ir cocidas o con remaches de cobre. Una buena montura puede durar en uso más de 30 años, e incluso heredarse por generaciones por su buena manufactura.
Este tipo de sillas se han convertido en una artesanía en la actualidad, y son un ícono de la tradición ganadera del norte de México y de identidad para el pueblo de Múzquiz, Coahuila, pues son muchas las anécdotas y vivencias que un “Vaquero de Santa Rosa” pudiera contar al haber pasado gran parte de su vida al lomo de un caballo sobre una montura muzqueña.
El tiempo, la dedicación y el esmero de talentosos talabarteros y fusteros, han heredado a nuestro pueblo esta famosa MONTURA MUZQUEÑA que forma parte de nuestra historia y representa un símbolo cultural emblemático sin igual.